Desperté y estaba a tu lado. Tus ojos no delatan el increíble mundo que
escondes, ni la pasión arrebatadora camuflada en esa mirada desconcertantemente
impávida. El silencio se hace cómplice de este ambiente pausado, cargado de
deseos, sueños y temores intraducibles, pero evidente en el roce nervioso de tu
meñique con el dorso de mi mano. A pesar de la rigidez, ya puedo sentirnos
entrelazados ascendiendo serpenteando a las estrellas. Súbitamente aparece tu
mano frente a mí, invitándome, y sin palabras me dices lo que quiero escuchar:
ratón ,me acompañas esta noche? Y despierto